Autor Tema: Rabadá y Navarro  (Leído 2424 veces)

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Desconectado Robeck

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Rabadá y Navarro
« en: 23 de Marzo de 2007 - 17:33:59 »
Quizás algunos hayais oido o leido alguna ver los nombres Rabadá y Navarro.......en las faldas del Pico Javalambre en Teruel la FAM tiene un refugio con su nombre......y la pregunta es: ¿Quien son estos?

Alberto Rabadá Sender (Zaragoza 1933) y Ernesto Navarro Castán (Fuencalderas 1934)

Montañeros aragoneses durante los 50 y 60 que formarón una mítica cordada abriendo multitud de vías en el Pirineo y Picos de Europa. Destaca la apertura de la cara oeste del Naranjo de Bulnes (Bulnes, Asturias), vías en los Mallos de Riglos (Las Peñas de Riglos, Huesca), Tozal de Mallo y el Pico Gallinero (Ordesa, Huesca). Su última gran aventura fue la cara norte del Eiger en la que murieron por agotamiento y frío el 15 de agosto de 1963 en la zona conocida como "La Araña Blanca".

Rabadá y Navarro ha sido muy reconocidos en el montañismo español, disponiendo como homenaje de distintas vías y de los Pico Rabadá (3.045 m)  y Navarro de 3.043 m. en la cresta entre la Tuca de Remuñé y el Maupás (Macizo del Perdiguero).





El drama de Alberto Rabadá y Ernesto Navarro

Este suceso es el gran acontecimiento del año, y posiblemente el más intenso de toda la historia del alpinismo español del siglo XX. El alpinista alemán Toni Hiebeler les dedicó un capítulo en su libro Eigerwand, der tod kletter mit —en la versión francesa Combats pour l’Eiger y en la italiana La morte arrampica acanto—. El libro de Hiebeler es un relato dedicado a los escaladores de la mítica pared
norte, lleno de realismo y ansiedad, y de una lectura conmovedora.

Ernesto Navarro y Alberto Rabadá, vencedores de tantas murallas rocosas en España, entre ellas del muro oeste del Naranjo de Bulnes, decidieron ese año erguirse sobre la cima del Eiger después de haber escalado su pared norte, a la sazón la escalada más temida de las montañas de la Tierra. Se instalaron en una precaria tienda en la base de la montaña y allí permanecieron una semana esperando el buen tiempo que les permitiera entrar en la tétrica pared, en donde se habían venido produciendo los famosos dramas de la historia contemporánea del alpinismo de alta dificultad. Les acompañaba su camarada Luis Alcalde, con funciones de enlace con Zaragoza y el
club Montañeros de Aragón. El día 10 de agosto el tiempo mejoró sensiblemente, por lo que Alberto y Ernesto prepararon el equipo dispuestos a la trascendental aventura: quince clavijas variadas de roca, cuatro de hielo, una sola cuerda roja de 60 metros, infiernillo de gas y provisiones para dos o tres días.

Una hora después de media noche, los escaladores aragoneses abandonaban su tienda al pie de la pared y emprendían su camino hacia arriba. En el punto de ataque encontraron a una cordada japonesa: Daihachi Okura y Mitsuhiko Yoskin, ambos de Okayama. Los japoneses eran expertos alpinistas, y ya en aquellos años habían realizado escaladas en el Himalaya, Hindu Kush y Karakórum, entre ellas la primera escalada del Manaslu. A las tres de la mañana iniciaron los aragoneses la escalada, seguidos por los japoneses. Parece ser que su ritmo era lento ya que al mediodía todavía estaban bajo la «Fisura difícil». Mientras la cordada japonesa vivaqueaba en «Nido de las Golondrinas», pasaje famoso en el término de la «Travesía Hinsterstoisser », Rabadá y Navarro continuaron entre preocupantes caídas de piedras hasta el «Segundo Nevero» —una zona totalmente desprotegida tanto de avalanchas y piedras como del viento—, en donde se decidieron a vivaquear. Según Luis Alcalde esa noche cambió el tiempo y una tormenta se instaló sobre la pared. El lunes día 12 estuvo lloviendo y a partir de los 3.500 metros nevó. La cordada japonesa se retiró y regresó por la tarde a Grindelwald. Pero no así la cordada española, que siguió subiendo con dificultad, a través del «Segundo Nevero», empleando para superarlo prácticamente todo el día, y en cuya travesía Rabadá sufrió una caída de veinte metros. Parece ser que esa tarde alcanzaron a través de la «Plancha» el «Vivac de la Muerte». Esa noche también llovió y granizó. Toni Hiebeler, quien narró angustiosamente esta escalada, no entendió cómo Rabadá y Navarro no volvieron atrás cuando todavía era posible hacerlo y continuaron escalando entre la tormenta. De esa misma opinión era su compañero Luis Alcalde, quien se encontraba abajo. Se esperaba que, si el mal tiempo continuaba al amanecer, la cordada aragonesa trataría de volver, aun cuando desde el «Vivac de la Muerte» el descenso era muy difícil y comprometido y escasas cordadas lo habían logrado.

Iniciando la Norte del Eiger

Navarro bajo segundo helero N. Eiger


El martes 13 de agosto comenzó a despejar, aunque la pared se veía cubierta por las nubes. Hacia el mediodía, cuando los observadores desde la Kleine Scheidegg, trataban de descubrir huellas de descenso a través del «Segundo Nevero», vieron con sorpresa que la cordada española estaba iniciando la escalada hacia la «Rampa». Necesitaron toda la mañana para pasar el «Tercer Nevero» y a las cuatro de la tarde Rabadá y Navarro alcanzaban la «Rampa». Rabadá llevaba siempre la delantera de la cordada; iba con un anorak rojo, mientras Navarro vestía uno azul. La gente se arremolinaba en la Kleine Scheidegg tratando de mirar por los telescopios y ver a la cordada española, que contra todo pronóstico seguía escalando la Eigernordwand. Las conversaciones y comentarios de los turistas eran, según los observadores, de tono macabro… La escalada prosiguió con extremada lentitud. Al llegar a una concavidad, antes de la «Chimenea de la cascada», que permitía un vivac relativamente bueno, ambos escaladores prosiguieron la ascensión. En ese pasaje clave por su dureza y dificultad, Rabadá sostuvo una verdadera batalla clavando tres clavijas y resbalando. Según la opinión de los observadores de la
Kleine Scheidegg, los escaladores españoles —o por lo menos Rabadá— ya no se encontraban con plenas facultades físicas. Según Hiebeler, si todo hubiera ido bien y el tiempo se hubiera estabilizado, en tres días podrían haber llegado a la cima. A las ocho de la tarde los aragoneses montaron su tercer vivac encima de la «Chimena de la cascada», un sitio pequeñísimo. Durante toda la noche llovió y nevó.

Un experto como Hiebeler no podía ignorar la comprometida situación de los españoles. Por ello le planteó a Luis Alcalde la posibilidad de que un grupo de alpinistas españoles preparara urgentemente un salvamento de emergencia. Sin duda Hiebeler conocía la alta dificultad y riesgo de una operación terrestre de rescate en aquel terreno. Alcalde le contestó que los alpinistas españoles con categoría suficiente para intervenir en aquella emergencia se encontraban dispersos por los distintos macizos alpinos y reunirlos llevaría mucho tiempo. Estando así la situación, Fritz von Almen, dueño de los hoteles de la Kleine Scheidegg y jefe de la seguridad alpina de la zona, informó de la difícil situación al jefe de los equipos de salvamento de Grindelwald, quien respondió que antes de pensar en intervenir, necesitaría la confirmación de que algún organismo o persona se haría responsable de los gastos de la operación de rescate. Luis Alcalde telefoneó a «Montañeros de Aragón» y la veterana entidad le autorizó a prometer cualquier pago por alto que resultara. El día 14 el tiempo mejoró y la pared podía verse nevada a partir de la «Plancha». A través de los telescopios se observaba a Navarro escalando en cabeza de la cordada, superando el Nevero o campo de hielo sobre la «Rampa». Todavía tenían que escalar la llamada «Fisura descompuesta» y la «Travesía de los dioses». A las tres de la tarde, Rabadá, que volvía a llevar la delantera de la cordada, empezó la «Travesía de los dioses» entorpecido por unas maniobras de la cuerda que le retrasaron mucho. Hasta las ocho y media de la tarde ambos escaladores no alcanzaron el final de la «Travesía», y llegaron al comienzo del glaciar colgado de la «Araña». La oscuridad les envolvió y tuvieron que montar su cuarto vivac en un emplazamiento muy pequeño, sobre un abismo impresionante. Y nuevamente el mal tiempo hizo su aparición...

En la travesía Hinterstoisser


El jueves 15 de agosto no se pudo ver la pared, oculta continuamente por la niebla, las nubes y la nieve. Angel Landa y los hermanos J. M. y J. A. Regil, que se encontraban en Chamonix, se enteraron de las noticias y se trasladaron a Grindelwald para ayudar en las acciones que fueran necesarias. Los tres españoles, junto al italiano Sorgato y Hiebeler, emprendieron la ascensión del Eiger por la arista oeste, ruta de descenso de la montaña, la arista contraria a la de Mittellegi. A pesar de las llamadas que se realizaron, no escucharon ninguna respuesta. La niebla impidió cualquier visibilidad a más de treinta metros y absorbió todas las llamadas y gritos mientras las temperaturas descendieron por debajo de los 0º C. Al día siguiente se planteó una acción de rescate, suponiendo que la cordada española se encontraría en las «Fisuras de salida», previas a los corredores que desembocan en la arista somital. Con un torno con cable de 300 metros podría realizarse el rescate.

El viernes 16 de agosto, se unieron al equipo el americano John Harlin y el italiano I. Piussi, que fue ascendiendo por la nevada arista oeste. A comienzos de la mañana, Von Almen vio con los prismáticos desde la Kleine Scheidegg, cómo un cuerpo colgaba de una cuerda roja en el glaciar de la «Araña», mientras en el otro extremo parecía verse el otro cuerpo al amparo de un resalte rocoso. Luis Alcalde insistió en que debía de tratarse de un error de visibilidad, puesto que había bastante niebla. Von Almen solicitó la colaboración de un helicóptero, para que, si las condiciones lo permitían, sobrevolase lo más cerca posible la pared para cerciorarse de lo que estaba sucediendo. Harlin, oficial de las Fuerzas Aéreas Americanas, transmitió las características aerológicas: viento oeste, 15 nudos. El vuelo del helicóptero confirmó la visión confusa observada desde la Kleine Scheidegg: los cuerpos de Rabadá y Navarro se encontraban en la parte superior de la «Araña», sin ningún movimiento, por lo que se estimó que estaban muertos. Aun así un reactor Hunter realizó tres pasadas consecutivas, volando muy cerca de la pared, por si con el estruendo que producía se despertaban los escaladores, en caso de que estuviesen aletargados o dormidos. No hubo movimiento alguno. Horas después, desde otro helicóptero, H. Geiger y el jefe de salvamento de Grindelwald, vieron con claridad cómo uno de los españoles colgaba de una cuerda parcialmente cubierto de nieve, mientras su compañero estaba sentado a mitad de altura de la «Araña»; los dos estaban muertos.

Horas después, al atardecer, el sol iluminaba con sus últimos rayos el glaciar de la «Araña» y Luis Alcalde pudo comprobar por sí mismo, a través del telescopio de la Kleine Scheidegg, el terrible cuadro: «Ernesto Navarro yacía colgado de la cuerda en la mitad de la “Araña”. Podía ver sus medias rojas, su anorak azul y una de sus manos, que asomaba por encima de la nieve. Y veía también la cuerda que le unía con Rabadá…»

Mis datos —recogidos hora a hora a través de la radio, bajo la tienda del campamento del Robledo, en la Granja— eran diferentes. El escalador que estaba arriba, colgado o asegurado de una clavija, era Navarro, mientras que, suspendido de la cuerda y con el saco de dormir medio fuera de la mochila, se encontraba Rabadá. Recuerdo incluso haber visto fotografías en fechas posteriores en la FEM. Sea cual fuere quien estuviera arriba, ambos habían muerto por agotamiento y congelación. Los gastos de rescate, o mejor dicho, de investigación previa, ascendieron a 10.000 francos suizos, que la Comunidad de Grindelwald quiso pagar a cargo de la municipalidad, pero Montañeros de Aragón —el club de Rabadá y Navarro— no lo permitió.

La prensa y radio en España había ido difundiendo la tragedia acto por acto, desde que Luis Alcalde comenzará sus comunicaciones con Montañeros de Aragón. El Heraldo de Aragón dio durante varios días páginas completas sobre los hechos. Los cadáveres estaban allí, colgados de la pared, al igual que años atrás lo había estado el cuerpo de Stefano Longhi, suspendido de una cuerda, balanceado por el viento en la «Travesía de los dioses», hasta que dos años después una revista se hizo cargo de los gastos del rescate de aquel cadáver,
un «atractivo» más en la macabra y grandiosa pared

Viví hora a hora, con emoción, la suerte de mis compañeros Rabadá y Navarro, primero con envidia, cuando supuse que podrían imponerse a las adversas circunstancias y que llegarían a la cima del Eiger. Posteriormente la envidia se convirtió en dolor, a medida que las noticias, para los que sabíamos interpretarlas, auguraban la tragedia. Lamenté no haber podido estar en Grindelwald, formando parte de las cordadas de rescate, pero me encontraba sin libertad, realizando los cursos de oficial de la Milicia Universitaria, en el campamento de la Granja. Curiosamente toda la compañía de Infantería, la 22, con Pedro Soto, su capitán al frente, me dio el pésame por la muerte de mis compañeros. Fue un detalle caballeresco que agradecí, después de soportar la tensión de varios días de angustia escuchando las
informaciones radiofónicas. Cuando pude pasar por la sede de la Federación, Félix Méndez me puso al corriente de lo sucedido y me dijo que la Federación haría lo posible por rescatar sus cuerpos, aunque tendría que ser el verano siguiente. Según Méndez, José Antonio Elola, el Delegado Nacional de Deportes, había garantizado un millón y medio de pesetas como presupuesto para los gastos del rescate. Lo llevarían a cabo los del Grupo Nacional. Yo me puse a disposición de Méndez y él aceptó mi ofrecimiento.

Pero los hechos no sucedieron como estaban previstos. Ese invierno de 1963-64, tres escaladores suizos aspirantes a guías de alta montaña, capitaneados por Paul Etter (que realizaría años después la primera invernal de la pared norte del Cervino) descendieron la pared norte del Eiger por primera vez. La noticia rápidamente se difundió en España: los alpinistas suizos habían cortado las cuerdas que  sujetaban los cuerpos helados de Rabadá y Navarro a la pared. Los cuerpos debieron golpearse bárbaramente en la tremenda caída a lo
largo del enorme despeñadero. Al no haber sido sus cuerpos previamente protegidos dentro de unas bolsas para cadáveres, diseñadas especialmente para los rescates y emergencias en montaña, algunos de sus miembros debieron romperse y quedar dispersos por los zócalos de la base. A mí no me gustó el hecho, que me pareció oportunista, aunque ahorró a la Federación gastos y una peligrosa actividad de rescate, que, eso sí, nosotros hubiéramos hecho con mejor técnica y sobre todo, con mayor delicadeza y humanidad. Meses después, en la primavera, la Agencia Pyresa censuraba, por interés de Méndez, una noticia fechada en Grindelwald que decía que unos alpinistas alemanes habían encontrado una mano perteneciente a algún escalador caído hasta la base de la pared. La llegada de los cadáveres de Alberto Rabadá y Ernesto Navarro trajo nuevamente a primera plana el drama del Eiger. En Zaragoza los féretros fueron recibidos por diversas autoridades, entre ellas el alcalde de la ciudad, Gómez Laguna, antiguo compañero de los fallecidos en Riglos. La FEM les concedió la Medalla de Oro, y la historia del alpinismo español los elevó a la categoría de mitos. Naturalmente los ataúdes nunca se abrieron para evitar a todos, y en especial a las familias, sorpresas muy desagradables. Y en primavera también llegaron invitados por la FEM a Zaragoza los tres guías suizos, Paul Etter, Ueli Ganstenbein y Josef Henkel, que habían descolgado los cadáveres, y se les dio una cordial bienvenida. Los suizos realizaron junto a compañeros de Montañeros de Aragón algunas escaladas interesantes en Riglos. De Zaragoza vinieron a Madrid, para escalar también en la Pedriza y recibir en la Federación Española sus nombramientos de miembros de honor del Grupo Nacional de Alta Montaña (GNAM), en este caso oportuno.

Sus rescatadores (guias suizos) invitados por la federación española en La Pedriza


En esta misma categoría también se incluía a los miembros del Grupo que renunciaban a seguir en actividad. Antonio Espias y yo fuimos los escaladores del GNAM (selección de alpinistas nacionales, que luego daría lugar al GAME) encargados de recibirlos y acompañarlos a la Pedriza. Escalamos la pared sur del Pájaro. Este cronista abría camino con la destreza que le otorgaba escalar en sus propias montañas una ruta repetida decenas de veces. Esperaba que los suizos, delgados y altos, se encontraran torpes a través de las «chimeneas» y otros empotramientos, pero tuve que admirar su facilidad al verles subir ágilmente, fumando cigarrillos, una costumbre quizás contradictoria con el mismo deporte, pero muy propia de escaladores y alpinistas en aquellas pasadas décadas.

Monumento a Rabada y Navarro. Riglos


« última modificación: 23 de Marzo de 2007 - 17:48:52 por Robeck »

Desconectado marmota

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Re: Rabadá y Navarro
« Respuesta #1 en: 26 de Marzo de 2007 - 11:06:41 »
Se te ponen los pelos como escarpias¡¡¡


Desconectado EIBOL

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Re: Rabadá y Navarro
« Respuesta #2 en: 28 de Marzo de 2007 - 11:13:47 »
Imaginate a ellos, viendo como a poco se quedaban sin fuerzas y congelandose.... :-\

Se les tuvo que hacer muy largo el final.

D.E.P.  ohhhhh
"Lo imposible se intenta... lo difícil se consigue"

Desconectado maluka

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Re: Rabadá y Navarro
« Respuesta #3 en: 11 de Abril de 2007 - 09:58:19 »
Ignacio Cinto propone, como homenaje a la irrepetible cordada aragonesa, un tributo a los mismos que consiste en realizar sus 5 vías más emblemáticas entre el 1 de Junio y el 31 de Agosto de este año. En su web podrá seguirse la evolución del homenaje por parte de cada una de las cordadas inscritas, y además propone un encuentro en Riglos en verano en donde todas ellas podrán conocerse e intercambiar opiniones y escaladas
 
El altoaragonés de Peña Guara Ignacio Cinto sigue tan dinámico como siempre. Tras proponer apenas hace una semana la 1ª transpirenaica con esquís, ahora tiene una nueva y bonita iniciativa en su web, www.inazio.com, y que ha dado en llamar Tributo a Rabadá y Navarro. La promueve como homenaje y recuerdo a la irrepetible cordada aragonesa. Sus vías e itinerarios aún hoy, motivan a gran cantidad de escaladores, son referencia de varias generaciones de deportistas. Repetirlas figura en los planes de todo escalador de cierto nivel, son una buena chapa digna de figurar en el historial de cualquier amante de ese mundo vertical.

Existen cinco vías singulares de entre las muchas que abrieron:



Norte del Puro en Riglos

Rabadá- Navarro al Pilar de Cotatuero (Gallinero), Ordesa

Espolón S.E. del Firé en Riglos

Rabadá- Navarro en el Naranjo de Bulnes

Las Brujas, en el Tozal del Mallo, Ordesa

Ignacio Cinto propone como homenaje escalar las cinco vías en un plazo de tiempo determinado de acuerdo con las siguientes y sencillas pautas.

Las cordadas que se inscriban en el Tributo a Rabadá y Navarro, de dos miembros, deberán realizar las vías indicadas en el plazo comprendido entre el 1 de Junio de 2007 y el 31de Agosto de 2007 .

No importa el orden de las vías, cada cordada las elegirá y las realizará cuando le apetezca, en función como siempre de la disponibilidad de tiempo libre y vacaciones, pero siempre dentro de las fechas indicadas.

Se informará a www.inazio.com de los progresos de cada cordada realizando un pequeño informe describiendo la ruta, datos, anécdotas y si las hay fotos para poder publicar y dar a conocer los pasos de cada una de las parejas.

Cada participante a la inscripción recibirá una camiseta exclusiva y diseñada a tal efecto, se sugiere lucirla en el transcurso de las escaladas.

Al termino del Tributo y en una fecha por determinar pasado el verano, nos veremos en Riglos todas aquellas cordadas que hayan realizado el circuito, para escalar, conocernos e intercambiar anécdotas y experiencias.

Cierre de la inscripción: 29 de Abril.
Precio de la inscripción: 12 Euros por persona